miércoles, 29 de enero de 2014

Que es el TDAH en pocas lineas.



Que si el TDAH existe, que si es una invención de las farmacéuticas… Curiosamente yo he sido diagnosticado en edad adulta y mi vida ha dado un vuelco…, en positivo…, jamás me había sentido tan bien conmigo mismo y jamás las cosas me habían ido tan bien… ¿casualidad?

Hoy reunión con la profesora de mi hijo de 5 años que evidentemente no sabe nada sobre mi diagnostico…, todo perfecto, el niño tiene capacidad, adquiere los conocimientos y habilidades requeridas a su edad…, es simpático y sociable…, todo perfecto pero…, demuestra problemas de atención…, se dispersa, se distrae, hay que recordarle más veces que al resto lo que ha de hacer… ¿casualidad? No…, es pastado a mí en ese sentido. 

Pero a lo que voy es a que mi hijo a día de hoy no tiene TDAH…, no lo tiene simplemente porque su falta de atención aun no es un problema, sus capacidades suplen ese punto débil de momento. No existe aun el problema, por lo tanto no existe un diagnóstico y por lo tanto no es TDAH. Porque ser TDAH simplemente significa que un niño o adulto tiene tanta dificultad para prestar atención continuada que tiene problemas de aprendizaje en la escuela, o en el trabajo en el caso de los adultos, y acude a la medicina convencional para que le ayuden. Las especialidades médicas que tratan estos asuntos, psiquiatría, psicología, neurología, etc. usan sus herramientas de clasificación cómo en cualquier otra disciplina ante problemas o características similares…, clasifican, delimitan, analizan..., para poder abordar los problemas y ofrecer soluciones…, eso es el TDAH, una herramienta de diagnóstico para ayudar a personas con problemas de atención y/o hiperactividad (impulsividad, etc.) lo suficientemente acentuados como para que en un contexto concreto, escuela, trabajo, etc., estos representen un problema. 

Mi hijo no es TDAH, su falta de atención aun no es un gran problema para él…, más bien lo es para los adultos que hemos de tratar con él y tener mucha paciencia para que haga las tareas más banales sin despistarse y pasar a otra cosa sin darse cuenta…, aunque si no lo gestionamos bien y empezamos a perder los nervios y reñirlo por algo que él no controla su autoestima puede empezar a verse afectada…, no es TDAH porque sin problemas serios de aprendizaje en la escuela ni de comportamiento en casa no hay nada que solucionar ni razones para acudir a la medicina…, pero su falta de atención es real, como persona diagnosticada y padre del niño se perfectamente que sus características en estos aspectos podrán llegar a ser un problema si sus padres y sus profesores no los tienen en cuenta y se amoldan en la medida de lo posible a ellos… y esa es mi tarea… tratar de conseguir que sus características nunca se vuelvan un problema aunque con el sistema educativo actual y las exigencias de la sociedad va a ser realmente difícil…, haré lo posible porque mi hijo, que es tremendamente curioso, vivo, inteligente y que está atento a todo lo que sucede a su alrededor no tenga que ser etiquetado como TDAH y tratado para poder amoldarse a las más que discutibles formas de educación actuales en este país así como las condiciones en los trabajos, etc. Eso es el TDAH, ayuda para personas que no encajamos bien en el sistema educativo, etc. y que para evitar acabar marginados y con serios problemas de autoestima, etc. acudimos a la medicina para ganar calidad de vida.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Biografía filosófica


Por cosas de la vida y,  aunque parezca mentira, por una necesidad puramente práctica a eso de los 17 años leí la Biblia y el Corán a pesar de no haber tenido nunca nada que ver con Dios ni Dios conmigo. Quizás más que leerlos “de pe a pa” es más exacto decir que busqué en ellos sus valores ya que yo, como todo hijo de vecino, crecí viendo en Semana Santa las pertinentes películas de esta celebrada saga y no quise quitarles la gracia llegando a la conclusión de que, como siempre, el libro es mejor que la peli.

A eso de los 18 me enamoré locamente de Nietzsche. Mantuvimos una apasionada relación hasta los 24 o 25 años…, cuando empecé a sentirme algo atrapado. La nuestra era una relación absorbente, de esas en las que sin darte cuenta vas perdiendo de vista tantas otras cosas que esta vida nos tiene que ofrecer. Le estaré eternamente agradecido y siempre tendrá un lugar en mi corazón. Él me ayudó mucho y sin él no sería quien soy, el me ensenó a amar a la filosofía y durante esos años usé su fuerza y su determinación para salir adelante…, pero no quise quedarme en su mundo incomprendido, cerrado y solitario. Así que empecé a tontear con otras…, Comte-Sponville, Erik Froom, Noam Chomsky, Foucault…, pero aunque todos me aportaban mucho no volví a enamorarme hasta que dirigí mi mirada hacia las bellezas orientales…, esas que el propio Nietzsche me enseño a desear.

Fue entonces cuando conocí a la que aun a día de hoy me resulta la más bella de todas las filosofías, esa que enseña lo bello de lo simple siendo simplemente bella…, el Taoísmo o mejor dicho, el Libro del Tao. Es mi amor platónico el que hace que la persiga a tientas a pesar de saber que cuanto más me acerco más lejos estoy de conseguir todo lo que ella contiene.

Y es ese mismo amor eternamente frustrado el que hace que vea sus ojos y huela su perfume por todas partes. El budismo quizás sea la vía más cercana y/o completaría con la que mejor colmo mis ansias y acompaño mis días…, días en los que en una noche de calentón uno se puede liar con cualquiera de tantas y tantas que se visten igual e imitan sus armoniosos movimientos sin llegar a ser más que burdos y facilones reflejos.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Un poco de aliento.



     Hoy estoy contento. Por fin siento que en la Seguridad Social me atienden con un mínimo de conocimiento sobre el TDAH, el TDAH en adultos en concreto, y con un mínimo de sensibilidad. Qué suerte tuve al cambiar de Centro de Atención Primaria ya que en el anterior un afable pero desfasado Dr. me preguntaba qué era eso del TDAH y tras mi explicación negaba que eso existiera. Para colmo tras esa negación me recetaba sin problemas lo que hiciera falta… (suerte que yo venía de ser atendido por un buen especialista de la privada que si no…). Hasta me explicaba que él se tomaba Rubifen (o el equivalente de la época) en sus años mozos para rendir más y sacarse la carrera de medicina… Todo un personaje y una vergüenza que yo haya tenido que tratar mucho tiempo con alguien para el cual yo debería ser algo así cómo un yonqui del metilfenidato que suplicaba por sus dosis.

     Pero eso ya es pasado. En mi nuevo CAP la Dra. de cabecera sabe perfectamente que es el TDAH. Me ha hecho las pruebas cardiovasculares pertinentes para asegurarse de que la medicación no me puede hacer daño aunque haya sido dos años después de empezar a tomarlas. Me ha derivado a una especialista que me hace un seguimiento y hasta parece que me van a incluir en un grupo de terapia de adultos TDAH. Todo esto no es la panacea…, es lo que debería ser, menos de lo que debería ser…, pero que a gusto me siento al ver que por fin tengo un poco de apoyo con esto. La sociedad no sabe de qué va, cualquier hijo de vecino te cuestiona que realmente tengas un problema más allá de tu vagancia o tu pasotismo, ni la familia quiere oír hablar del tema…, así que el simple hecho de sentirte comprendido, atendido, etc. es una bocanada de aire fresco que da nuevas fuerzas a esta batalla que al final es solo nuestra pero en la que creo nos encontramos especialmente solos.

miércoles, 9 de octubre de 2013

Camino de Santiago



Esta mañana he ido al armario en busca de una camiseta y sin pensar he escogido la que compré en Santiago de Compostela a principios de julio tras haber caminado treinta días desde Roncesvalles. No la compré cómo recuerdo, la compré porque al día siguiente de llegar tiré las botas deformadas de tanto dolor en mis pies, tendones de Aquiles, rodillas… Tiré también las dos únicas camisetas y pantalones que ya al quinto día estaba dispuesto a cargar y que del lavado diario y a mano ya eran trapos roídos y mal olientes.

No quería recuerdos materiales y hasta dejé mi bastón en el último albergue para que otro peregrino pudiera apoyarse en él para llegar a Fisterra o allá donde sus pasos le tuvieran que guiar. Ese bastón que fui haciendo día a día con mi navaja multiusos a partir de una rama que cogí a la orilla del Rio Arga a su paso por Zubiri. Ese bastón que temo se quedará grabado en mi mente, con esa grieta que se iba agrandando día a día según se secaba la madera, con todas sus vetas y nudos, ese bastón que yo lijaba con el filo de la navaja mientras caminaba con la mirada fija y absorta para no dejarme llevar por el falso y demoledor anuncio de una pronta llegada que algún viejo campanario en medio de la inmensa y tórrida planicie castellana quisiera endosarme. Bajaba la cabeza y solo caminaba, y lijaba y lijaba…, no quería saber qué hora era ni cuanto faltaba para llegar a mi destino ya que de saberlo cada paso me hubiera dolido el doble, el triple y quizás hasta me hubiera hecho parar y decir “no puedo más”. No podía pensar, solo dar un paso más, después otro, y otro y así llegar tan maravillado cómo exhausto al albergue tras derrotar otro día más esos falsos límites que todos tenemos y que en realidad están mucho más allá.

Lo dejé todo en Santiago porque el camino me enseñó muchas cosas. Me enseñó que hay que medir el peso con el que cargas, que necesitamos poco lo material si la mochila va cargada de convicción, alegría, sueños, esperanzas y fe, fe en ti mismo y en los demás. Así al día siguiente de llegar ya no llevaba ropa de peregrino, ni mi barba de más de 30 días. Algunos compañeros y amigos de esta experiencia que por siempre llevaré conmigo, se asombraban e incluso les apenaba la rapidez con la que dejé de ser y parecer un peregrino. Pero ya había llegado a Santiago y cómo hice durante esos 30 días tocaba mirar adelante, no detenerte, ser de una vez consciente del momento y el punto exacto del esplendoroso paisaje que te rodea y ser capaz de admirarlo y sentirte colmado.

No compré esa camiseta cómo recuerdo pero me ha recordado el sentimiento de plenitud, de capacidad, de fuerza y de libertad que buscaba y encontré y que no quiero volver a perder jamás para seguir caminando decidido y feliz.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Mi Vida



    Puedo decir con la cabeza bien alta que en estos dos años no he hecho más que luchar. Creo que siempre lo he hecho aunque antes no tuviera herramientas ni supiera muy bien quién era el enemigo. Sé que con el devenir de los años fui aflojando, sin llegar nunca a rendirme, pero aceptando cada vez más la derrota que se empezaba a mostrar casi ineludible ahogando la original visión de mi mismo junto a mis sueños, mis valores y mis fuerzas castradas. 

Pero más vale tarde que nunca y esa llama que nada ni nadie aun había podido apagar recibió nueva vida. Una bocanada de oxígeno volvió a llenar mis pulmones y enderezó de nuevo mi tronco encorvado. Entre las siglas TDAH encontré respuestas, solté lastre, solté culpa y más culpa y lloré cómo ya no sabía llorar. Las lágrimas aclararon al fin mi mirada y exhalé junto a todo ese nuevo aire lo rancio y anquilosado en mí ser
 
De inmediato volví a soñar y soñé una vida mejor donde ya no tuviera que mendigar aprecios sino merecerlos, donde no necesitara aprobaciones ni apoyos, una vida única e irrepetible, valiosa, bella por ser simplemente mi propia vida. Y cómo la olvidada obra de un aprendiz de herrero la recogí…, deformada, mal definida, oxidada y maltratada y empecé a golpear de nuevo. Forzando mis músculos atrofiados vi atónito cómo empezaba a enderezarse y casi no podía creerlo. Ya no era mi cabeza la que golpeaba el yunque, sentía cómo podía asir firme el martillo que ya no pesaba tanto, que ya no se me resbalaba de las manos casi sin darme cuenta creando esos grandes estruendos que resonaban y resonaban y resonaban en mi cabeza.

No desfallezco, me mantengo alejado de todo aquello que se empeñe en negarme mi derecho a ser o más bien mi capacidad de ser. Me centro en superar mis miedos y camino solo para no cargar con los de otros. Ya no temo porque por fin siento que me tengo a mi mismo, que tengo yo y solo yo el control, la voluntad, la fuerza y el valor para soñar y perseguir una vida tan humilde y sencilla como bella, mi vida.

viernes, 26 de abril de 2013

Intuición "tamaño TDAH"

Hace años llegué a la conclusión o al convencimiento de que la intuición jugaba un papel importante en mi vida. Había muchas cosas que sabía para las cuales no disponía de un número “racional” de razones, explicaciones, etc. y aun así tomaba decisiones.

¿Por qué os hablo de la intuición que yo pueda tener? Pues porque en bastantes ocasiones he leído u oído que las personas con TDAH suelen ser intuitivas. Haciendo mis propias cábalas y basándome en mi propia experiencia he llegado a un par de conclusiones sobre este tema, sobre porque los TDAH podrían ser efectivamente “más intuitivos” que otras personas.

En primer lugar diría que los TDAH están acostumbrados a manejar “intuiciones”  y a tener que usarlas en su día a día. Sé que es una afirmación un tanto rara pero dejar que me explique. Las comillas que le he puesto a “intuiciones” no son casualidad, se deben a que creo que para los TDAH situaciones, problemas, planteamientos, pensamientos, etc. que para la mayoría de la gente se resuelven o se afrontan de forma estrictamente racional, para nosotros se deben afrontar con una especie de pseudo-intuición. Hablo por mí, cuando un asunto requiere de cierto número de razonamientos que uno va dando por buenos con el fin de llegar a una conclusión, cómo el que va subiendo peldaño a peldaño una escalera, al llegar a la cima, cuando toca decidir, yo y calculo que la mayoría de TDAH son incapaces de recordar una parte relevante de esos pasos, de esas ideas, de esos razonamientos que efectivamente ha hecho pero que somos incapaces de retener o manejar en su totalidad, o en todo caso, podemos retener o manejar bastantes menos que la mayoría de la gente.

Hemos llagado arriba, hemos ido discerniendo, usando la lógica, pero una vez arriba, cuando hay que llegar a una conclusión, nos encontramos frente a ella cómo cualquier otro, hemos llegado por los mismos medios, pero no nos preguntes cuales han sido. Como mucho recordamos los últimos…, no recordamos todo pero algo nos dice que si estamos en el punto donde estamos es porque es ahí donde queríamos llegar. Así, cuando otro si podrá rememorar su proceso de ascensión hacía la conclusión que buscaba, nosotros tendremos que fiarnos de que no ha sido casualidad haber tomado una dirección. Yo creo que por la situación que he descrito muchas veces en mi vida he creído tomar decisiones por intuición pero ahora creo que en gran mayoría se debía al simple hecho de no recordar igual de bien que otros toda la lógica aplicada. Además ante estas situaciones cuando alguien nos haya preguntado a lo largo de nuestra vida porque has tomado tal o cual decisión o porque crees tal o cual cosa seguramente habrá pensado que somos un poco temerarios o simplemente tontos por haberlo hecho “sin razones aparentes”.

Os pongo un ejemplo..., examen de programación de la universidad..., salía de allí sin saber que leches había hecho, era incapaz de asegurar si iba a probar o no..., los problemas eran literalmente cómo lo he explicado..., llegaba a una cifra o a un dato pero no era capaz de saber cómo..., y aprobaba, es decir, había aplicado la lógica, paso por paso y bien..., pero al final de ejercicio ya era incapaz de recordar o manejar todos los pasos.

Imagino que la intuición en mayúsculas, la que usan todas las personas en algún momento, no sea algo muy distinto a lo descrito hasta ahora. Seguramente la diferencia es que la mayoría solo está falta de tantos elementos o datos cuando afronta cuestiones o dilemas demasiado complejos o para los que aun nadie tiene respuestas.

Llegados a este punto surge la segunda conclusión al respecto que esta exhausta mente ha de soltar antes de que se pierdan los razonamientos que le han llevado a ella. La idea es que nuestra dificultad para recordar determinadas cosas o la dificultad de manejar demasiados elementos a la vez hace que cuestiones relativamente “mundanas” o banales para otros para nosotros requieran de un acto de fe o de intuición para resolverlas cuando otros ven más claramente que razonamientos les han llevado a tal punto.Así podríamos decir que estamos habituados, no nos queda otro remedio, a solucionar cuestiones sin disponer de un número suficiente de datos para el uso estricto de la lógica. Estamos acostumbrados a ir por la vida guiados por nuestra intuición y quizás por eso, ante las situaciones en las que cualquier persona debería usarla por ser demasiado complejas, nosotros demostremos cierta habilidad, frescura o desparpajo a la hora de afrontarlas… no sé si me he explicado bien, seguro que me he dejado miles de ideas…, pero algo me dice que por ahí deben ir los tiros…

lunes, 8 de abril de 2013

El camino del Samurái




Ayer volví a ver una película que, cómo no, ya no recordaba de que iba pero sabía que me había gustado años atrás. La película se titula “Ghost Dog. El camino del samurái” y en ella se van mostrando algunas sentencias del libro BUSHIDO: EL CAMINO DEL SAMURAI de TSUNETOMO YAMAMOTO que, por cierto, tiene pinta de ser muy interesante. Una de esas frases que aparecen es la siguiente: 

“Hay algo que puede aprenderse de una tormenta. Al encontrarte con un chaparrón repentino intentas no mojarte y te pones a correr; aunque corras por debajo de las cornisas de las casas sigues mojándote. Si lo tienes claro desde el principio, no habrá sorpresas...aunque te mojarás igual. Este concepto se puede aplicar a todas las cosas.” 

Me he acordado de esta frase pensando en mi hijo. Está a punto de cumplir 5 años y creo que si yo tengo TDAH el lo debe tener doble. Al igual que yo, si se confirmaran mis sospechas, lo sería de tipo esencialmente inatento, en el sentido de que su mayor problema viene de ahí, aunque también le noto “un punto hiperactivo” no es tan problemático o evidente.

No sé si algún día un psiquiatra o psicólogo le diagnosticará y no sé si lo que hoy percibo perdurará o llegará a ser un problema serio pero soy su padre paso muchas horas con él y sé que hoy por hoy es muy difícil captar su atención y retenerla. También es difícil que acabe las tareas que le encomiendo ya que a la mitad se despista y olvida lo que estaba haciendo, etc. A día de hoy empieza a ser un problema en nuestro día a día ya que requiere de mí mucho más control, más insistencia, más paciencia y me guste o no, al final más reprimendas que si fuera “menos despistado”. 

Por un lado creo que el ser TDAH me permite ver con mucha claridad que cosas se escapan de su control y no responden a rebeldía o falta de ganas de hacer lo que le digo y por eso no le riño en esos casos pero me empieza a preocupar cómo gestionará esto su profesora o sus monitores de comedor, por ejemplo o su propia madre de la que estoy separado y que no es tan consciente de estas cosas. Yo mismo a veces ya no puedo más que reñirle tras insistir varias veces recordándole algo que ha de hacer y que se que su inatención le potencia pero que al final solo un “estímulo fuerte” o reprimenda con la suficiente mala leche hace que se centre. Aun así merece la pena comentar que gracias a mi tratamiento, esencialmente el farmacológico, estoy llegando a cotas de paciencia totalmente inauditas en mí, cosa de la que me alegro mucho, en especial en lo referente a mi relación con él ya que es realmente muy difícil que yo "pierda los papeles" enfadándome realmente con él, de hecho no ha sucedido desde que me medico.

¿Y que tiene que ver esto con la frase del tal Tsunetomo? Pues lo que tiene que ver es que si mi hijo continua teniendo esos problemas para mantener su atención en una tarea o para no distraerse va a ser inevitable que la tormenta nos moje. Por mucho que lo intente y aun teniendo “la suerte” de poder ponerme en su piel y evitar reñirle por cosas que no hace mal a conciencia, aunque puede anticiparme y conocer las causas de muchos problemas que sin duda surgirán mientras estudie ya sea en el colegio o más tarde…, aunque sepa muy bien lo importante que es que le demuestre que confío en él pase lo que pase…, esas características inevitablemente tendrán consecuencias y le van a afectar. Mi trabajo será que sean lo menos negativas posibles pero “Si lo tienes claro desde el principio, no habrá sorpresas...aunque te mojarás igual”.

Debemos ser realistas, tanto si tenemos hijos con TDAH cómo si somos nosotros los afectados. Tener TDAH comporta problemas en el ámbito educativo tal y cómo es en la actualidad, en el laboral y en el de las relaciones personales aunque en este hay muchas más opciones. Debemos asumir que van a estar ahí en mayor o menor grado pero no para dejar de trabajar para minimizarlas si no para no desfallecer cuando veamos que es inevitable tener que afrontarlas, para estar preparados y verlas venir… ¡cómo un bien samurái!